Es uno de los aceites más antiguos usados por el ser humano —hay constancia de su uso en el Antiguo Egipto hace más de 4.000 años— y hoy vive un segundo momento de fama gracias a las redes sociales.
Origen y cultivo
El aceite de ricino procede de las semillas de Ricinus communis, una planta originaria del este de África y de la India que hoy se cultiva en zonas tropicales y subtropicales de todo el mundo; India es actualmente el mayor productor mundial.
Cómo se extrae
Se obtiene por prensado en frío de las semillas («habas de ricino»). Es importante saber que la ricina —la toxina presente en la semilla— no pasa al aceite durante el prensado, por lo que el aceite final es seguro para uso cosmético, algo confirmado por evaluaciones de seguridad independientes.
Propiedades y por qué es beneficioso
- Emoliente y humectante intenso: su textura densa forma una película que ayuda a retener la hidratación de la piel y el cabello.
- Muy rico en ácido ricinoleico (entre un 85-90% de su composición), un ácido graso poco frecuente en otros aceites vegetales.
- Acondicionador capilar y de pestañas: recubre la fibra capilar, reduce la rotura y aporta brillo.
Qué dice la ciencia
Aquí toca ser honestos con una de las promesas más repetidas en redes: no hay ensayos clínicos que demuestren que el aceite de ricino haga crecer más pestañas o cejas. Lo que sí hace es acondicionar el pelo ya existente, reduciendo su rotura y dándole un aspecto más grueso y brillante — un efecto cosmético real, pero distinto a «estimular el folículo». El crecimiento del pelo responde a otra vía biológica completamente distinta (receptores de prostaglandinas), no al ácido ricinoleico. Donde sí hay evidencia más sólida es en su uso ocular tradicional para aliviar molestias del párpado.
Dónde lo encontrarás en nuestro catálogo
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