Pocos ingredientes cosméticos tienen una historia tan ligada a su origen como la manteca de karité: cada tarro representa el trabajo artesanal de miles de mujeres de África Occidental.
Origen y cultivo
Se extrae del fruto del árbol de karité (Vitellaria paradoxa), originario de Sudán y presente en las sabanas de Burkina Faso, Malí, Costa de Marfil y otros países del oeste de África. Es un árbol silvestre —no se cultiva en plantaciones— y muy longevo: no da sus primeros frutos hasta los 15 años, y no alcanza su plena producción hasta los 30. De un árbol adulto se pueden obtener hasta 20 kg de frutos al año, equivalentes a unos 5 kg de almendras secas, de las que se extrae aproximadamente 1 kg de manteca.
Cómo se extrae
El proceso sigue siendo mayoritariamente artesanal: las semillas se fermentan, se lavan, se secan al sol y se tuestan. Después se muelen hasta obtener una pasta que se bate con agua para separar la grasa, que se cuece y se deja solidificar. Esta actividad da empleo a cientos de miles de mujeres en Burkina Faso, habitualmente organizadas en cooperativas.
Propiedades y por qué es beneficioso
- Nutrición profunda: rica en ácidos grasos (oleico, esteárico) que refuerzan la barrera de hidratación de la piel.
- Vitaminas A, E y F: con función antioxidante y reparadora.
- Protección: forma una capa oclusiva que protege del frío y del viento, por lo que es habitual en bálsamos labiales y cremas de manos de invierno.
Qué dice la ciencia
Su perfil de ácidos grasos y vitaminas liposolubles está bien documentado, y su capacidad hidratante y suavizante es de las más consistentes entre las mantecas vegetales, por lo que es un ingrediente habitual incluso en dermocosmética para pieles muy secas o sensibles.
Dónde lo encontrarás en nuestro catálogo
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