En 1924, una bioquímica japonesa demostró que el té verde contenía vitamina C. Cinco años después aisló, por primera vez en el mundo, la familia de moléculas que hoy explica por qué el extracto de té verde está en tu sérum. No estaba pensando en cosmética: hacía química de alimentos.
Qué es y cómo se obtiene
El extracto de té verde procede de las hojas jóvenes de Camellia sinensis, exactamente la misma planta de la que sale el té negro. Lo que las separa no es la especie, sino lo que se hace con la hoja después de recolectarla.
El proceso es corto y su objetivo es evitar la oxidación: se recogen las hojas jóvenes, se secan o vaporizan rápidamente para detener la actividad enzimática, se extraen sus compuestos con agua o etanol, y el extracto se concentra y se estandariza en polifenoles. El cultivo se concentra en China, Japón e India.
Por qué funciona
La razón tiene nombre: EGCG, o galato de epigalocatequina, el polifenol más abundante del té verde y el más estudiado. Pertenece a la familia de las catequinas, y su papel es el de antioxidante: neutralizar los radicales libres que genera el estrés oxidativo, ese que provoca la contaminación, la radiación solar o el simple paso del tiempo.
De ahí salen sus tres usos habituales en cosmética, que son los que verás en las etiquetas: protege frente al daño oxidativo, calma el enrojecimiento y equilibra las pieles con tendencia grasa.
Propiedades y por qué es beneficioso
- Antioxidante potente: el EGCG neutraliza los radicales libres y ayuda a proteger frente al estrés oxidativo.
- Efecto calmante: contribuye a reducir el enrojecimiento y la sensación de irritación.
- Equilibra el sebo: encaja bien en pieles grasas o con imperfecciones.
- Apoyo frente al fotoenvejecimiento: los polifenoles tópicos se estudian por su papel como refuerzo antioxidante frente al daño solar — refuerzo, nunca sustituto del protector solar.
- Efecto astringente: tonifica y ayuda a afinar visualmente el poro.
- Acción antiinflamatoria: calma la piel sensible y contribuye a fortalecer la barrera cutánea.
Su composición principal son polifenoles y catequinas, con el EGCG a la cabeza, y suele acompañarse de cafeína en trazas, vitamina C y taninos. Lo encontrarás en sérums faciales, tónicos, contornos de ojos, champús anticaída, cremas antiedad y geles calmantes.
Qué dice la ciencia
El té tiene una historia escrita muy anterior a la cosmética. Hacia el año 760 d.C., en la dinastía Tang, el erudito chino Lu Yu escribió el Cha Jing —«El clásico del té»—, el primer tratado conocido dedicado por completo a su cultivo, preparación y consumo. No hay un descubridor individual de la planta, pero sí esa primera fuente escrita verificable.
El salto científico llegó casi mil doscientos años después, y en un laboratorio japonés. En 1924, la bioquímica Michiyo Tsujimura, investigadora en RIKEN, descubrió junto a su colega Seitaro Miura la presencia de vitamina C en el té verde, en un trabajo titulado «On Vitamin C in Green Tea». Era química de alimentos, sin ninguna relación con la piel.
En 1929 dio el paso que hoy nos importa: aisló por primera vez en el mundo la catequina del té verde, y al año siguiente extrajo taninos en forma cristalina. Esa familia de antioxidantes —con el EGCG a la cabeza— es exactamente la razón por la que el extracto de té verde se formula en cosmética. En 1932, su tesis sobre los componentes químicos del té verde le valió el doctorado en agricultura por la Universidad Imperial de Tokio, y la convirtió en la primera mujer de Japón en obtener ese título.
Un apunte honesto sobre el resto: las cifras que circulan con frecuencia sobre el té verde —el porcentaje de catequinas de la hoja seca, o los rangos de concentración usados en ensayos tópicos de acné y de eritema por radiación ultravioleta— aparecen de forma consistente en fuentes de divulgación cosmética, pero no hemos podido contrastarlas contra los estudios originales. Por eso las mencionamos como dirección del efecto y no como números cerrados.
Preguntas frecuentes
¿El té verde de una crema es lo mismo que el que bebo?
El ingrediente cosmético es un extracto concentrado y estandarizado en polifenoles de las hojas jóvenes de Camellia sinensis, la misma planta. La diferencia está en la concentración y en el control: una infusión no está estandarizada ni pensada para aplicarse sobre la piel, y su contenido en catequinas varía con el agua, la temperatura y el tiempo de reposo.
¿Por qué té verde y no té negro, si es la misma planta?
Porque el té negro se somete a un proceso de oxidación que transforma buena parte de sus polifenoles. El té verde se seca o vaporiza rápidamente justo después de la recolección, y esa parada temprana es la que conserva las catequinas — el EGCG entre ellas —, que son precisamente lo que interesa en cosmética.
¿Sirve para piel grasa o reseca demasiado?
Es de los ingredientes que mejor encajan en piel grasa o con imperfecciones, por su efecto astringente y equilibrante del sebo, y aun así se tolera bien en piel sensible por su acción calmante. No exfolia ni sensibiliza a la luz, así que convive sin problema con el resto de la rutina.
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